Freud y la Biblia: cuando el psicoanálisis lee lo sagrado sin ofenderlo

Espiritualidad, simbolismo y condición humana

No me defino como religiosa, pero sí como alguien que encuentra en lo espiritual y en lo humano las preguntas que más me interesan. Y pocas cosas me han resultado tan fascinantes como descubrir que el psicoanálisis y la Biblia, dos mundos que parecen opuestos, están mirando hacia el mismo lugar.

Lo que me atrae de la Biblia no es el dogma sino los personajes. Figuras cargadas de simbolismo que han influido en la psique colectiva desde tiempos inmemorables, y que siguen siendo vigentes precisamente porque hablan de algo que no cambia: la condición humana. El miedo, el poder, el amor, la culpa, la redención. Todo eso está ahí, narrado hace milenios, y sigue resonando hoy.

El psicoanálisis me interesa por la misma razón. No como una verdad absoluta, sino como una herramienta para leer lo humano con más profundidad. Y lo que me sorprendió al empezar a explorar ambos mundos juntos es que no se contradicen: se complementan. Hablan idiomas distintos pero hacen las mismas preguntas.

Una evolución de conciencia que se proyecta en lo divino

Lo que más me llama la atención de los textos bíblicos es cómo el mensaje de Dios va evolucionando conforme evolucionan también sus personajes. No es el mismo Dios el que habla con Abraham que el que habla con David, y no es el mismo David del inicio que el del final. Hay un crecimiento, una transformación, una conciencia que se va ampliando. Y ese proceso tiene su clímax en Jesús de Nazareth, cuyas enseñanzas beben directamente de figuras como la del rey David.

Desde mi lectura, eso no es solo teología. Es la evolución de la conciencia humana representándose a través de lo divino. La humanidad encontrando, en cada época, mejores maneras de nombrarse a sí misma. Y la fe, en ese sentido, es uno de los caminos más accesibles hacia verdades que el psicoanálisis también encuentra, pero por una ruta mucho más técnica y de estudio riguroso. Dos caminos distintos, una misma pregunta: ¿qué somos?

Lo que Freud vio en los textos sagrados

El propio Freud dedicó buena parte de su obra a leer los textos religiosos y míticos con herramientas psicoanalíticas. No para destruirlos, sino para encontrar en ellos capas de significado que van más allá de la fe. En Tótem y Tabú (1913) planteó que el derecho, la moral y la religión son productos sofisticados que nacen de los conflictos más profundos del ser humano: el deseo, la culpa, la ley. Y en su último libro, dedicado a Moisés, abrió con una frase que dice mucho de su respeto por lo sagrado:

"Quitarle a un pueblo el hombre a quien honra como al más grande de sus hijos no es algo que se emprenda con gusto o a la ligera, y menos todavía si uno pertenece a ese pueblo."

Freud, S. (1939). Moisés y la religión monoteísta.

Ese no es el lenguaje de alguien que quiere atacar. Es el de alguien que se acerca con cuidado a algo que reconoce como poderoso y significativo.

Los demonios y las psicopatologías: el mismo fenómeno, dos nombres

Uno de los puntos donde la Biblia y el psicoanálisis se tocan de manera más clara, y más sorprendente, es en lo que cada uno llama "lo oscuro". En el lenguaje religioso, los demonios representan las fuerzas que alejan al ser humano de Dios, de lo bueno, de sí mismo. En el lenguaje clínico, esas mismas fuerzas tienen nombres técnicos: psicopatías, psicosis, narcisismo destructivo.

La Biblia guarda mensajes milenarios en sus diferentes interpretaciones y lecturas. Y el psicoanálisis da lecturas que llegan a coincidir con las partes éticas de esos mensajes, apuntando hacia un estado lo más cercano posible a la salud mental. Lo que en lo divino o religioso se ve como la presencia de demonios, casualmente también se muestra, desde la clínica, como psicopatologías graves, más inclinadas a lo psicótico o psicopático.

El rey Saúl es el ejemplo perfecto. Su caída no es solo moral ni solo espiritual: es también psíquica. Los delirios, las alucinaciones, la pérdida de contacto con la realidad que la serie muestra son, en términos bíblicos, el abandono de Dios; y en términos clínicos, el deterioro de una mente que sucumbió al poder y al narcisismo. Dos lecturas. Un mismo hombre roto.

Por qué no se contradicen

A quien sienta que el psicoanálisis y la Biblia se amenazan mutuamente, le diría esto: la fe es un camino más accesible hacia las mismas verdades que el psicoanálisis encuentra de manera técnica. Ambos reconocen que el ser humano carga con fuerzas que no siempre comprende, que el poder corrompe, que el amor repite, que la culpa pesa, y que hay algo en nosotros que aspira a ser mejor de lo que a veces somos.

La diferencia está en el lenguaje y en la ruta, no en el destino. Y quizás eso, en sí mismo, ya es un mensaje que vale la pena escuchar.

Referencias

Freud, S. (1913/2007). Tótem y tabú. Amorrortu Editores.

Freud, S. (1939/2001). Moisés y la religión monoteísta. En Obras completas (Vol. XXIII). Amorrortu Editores.

Morin, E. (1990). Introducción al pensamiento complejo. Éditions du Seuil.

Autora: Mónica Rayas · Edición de fluidez y estructura asistida por Claude.

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