Carrie Mathison y el psicoanálisis: cuando la "locura" es también una forma de brillar
Una serie que me hizo pensar en el diván
Estoy terminando de ver Homeland (Seguridad Nacional) de Netflix y no puedo evitar mirarlo como psicoanalista. El personaje de Carrie Mathison, agente de la CIA diagnosticada con trastorno bipolar desde los 22 años, me causó algo que pocas veces logra una protagonista tan compleja y polémica: compasión. Carrie sufre terriblemente por sentirse loca. Y me quedé pensando en todo lo que el psicoanálisis tiene que decirle a este personaje, y a todos los que se parecen a ella en la vida real.
Medicarse en secreto: el costo de sobrevivir en las sombras
Carrie luchó contra su enfermedad desde los 22 años. Se medicó en secreto durante décadas con litio y otros fármacos psiquiátricos, porque en su trabajo cualquier diagnóstico de salud mental era motivo suficiente para ser separada del servicio. Las precauciones por la seguridad nacional así lo exijían.
El estigma no venía solo de afuera. Ella misma llegó a desconfiar de su propia percepción, de su propio juicio. En la primera temporada ese conflicto interno es brutal: no sabe si lo que ve es real o es su enfermedad. Y cuando sus oponentes lo descubren, usan su bipolaridad como arma: gaslighting sistemático, desprestigio, hasta lograr sacarla de su puesto.
Eso que vivió Carrie no es ficción pura. Es el retrato de lo que muchas personas con diagnósticos psiquiátricos enfrentan cuando el entorno convierte su condición en su principal característica.
La brillantez que viene con el sufrimiento
Hay algo que la misma Carrie reconoce, especialmente avanzada la serie: su enfermedad mental no es solo un obstáculo, también es parte de lo que la hace excepcional. Su capacidad para encontrar patrones y vinculaciones entre hechos que no siempre tienen relación, y que para alguien no neurodivergente sería complicado encontrar, es lo que la convierte en una agente brillante. En la temporada 6 ella misma dice cómo la medicación le ha salvado la vida, pero reconoce que sin su enfermedad no podría haber sido tan brillante en su trabajo.
En alguna ocasión incluso decide no tomar su medicamento para poder resolver un caso, porque sabe que sin su enfermedad no podría ser tan brillante. Desde el psicoanálisis entendemos esto. No estigmatizamos que alguien funcione diferente, porque sabemos que esa diferencia a veces acompaña una brillantez singular. Lo que como psicoanalistas buscamos no es eliminar esa particularidad, sino acompañar al sujeto para que pueda habitarla sin destruirse en el intento, y sin tanto sufrimiento. Incluso, para que no tenga que autoculparse ni flagelarse, como hace Carrie al final de la primera temporada, cuando cree que todo lo que vio fue producto de su locura y no de su lucidez.
Lo que el psicoanálisis no haría: diagnosticar y quedarse ahí
En psicoanálisis no nos gusta diagnosticar, o al menos, no nos gusta quedarnos en el diagnóstico, y mucho menos compartirlo al paciente. Sabemos que ese diagnóstico puede convertirse en una etiqueta que tanto el paciente como su entorno terminan usando para fijar una identidad: "soy bipolar", "es bipolar". Y esa fijación es contraproducente, porque el psiquismo es dinámico, está en movimiento, y por eso es posible cambiar el diagnóstico o el estado de la mente desde su estructura. No es magia, eso toma años, décadas. Pero el cambio es posible.
No estigmatizamos que el paciente esté loco porque consideramos que puede ser parte de esa propia magia que hace al paciente único, y que muchas veces acompaña de cierta brillantez para la vida diaria. Como seres únicos pueden aportar algo diferente, como le hubiera ayudado a Carrie a no autoculparse ni flagelarse como lo hizo al final de la primera temporada.
Y hay algo más que me preocupa clínicamente: el momento en que una persona usa su propio diagnóstico para justificarse. Carrie cruza límites, límites legales, éticos, relacionales, al servicio de la seguridad nacional. Esa legitimación no borra que los actos estén tipificados legalmente, y hay un riesgo real de que en algún momento agarre su patología para justificar lo que hace. Por eso tampoco nos gusta compartir diagnósticos dinámicos con el paciente de manera abierta y teórica: no estamos en sesión para explicar esto teóricamente, eso desvirtuaría el sentido de la sesión terapéutica.
Lamentablemente, Carrie nunca se dio la oportunidad de un proceso analítico. Nunca pudo llegar a un espacio donde alguien la escuchara sin que eso representara un riesgo para su carrera o su seguridad.
Los electroshocks y lo que Freud vino a cambiar
En la serie aparece también el electroshock como tratamiento de Carrie, lo que cada vez es menos común. Gracias a Freud, estos tratamientos fueron dejados a un lado para dar lugar a la técnica psicoanalítica, que a través del habla la persona puede irse curando.
Carrie jamás se dio esa oportunidad por mantenerse en las sombras, para que nadie descubriera que estuviera en algún tratamiento que pusiera en riesgo el trabajo de alto riesgo que manejaba. Su tratamiento fue siempre farmacológico, clínico, contenedor. Necesario, sin duda. Pero incompleto, porque los fármacos estabilizan, y eso salva vidas. Pero no “curan”, y menos si no están dentro de un proceso terapéutico.
Y justo en varios momentos de la serie el tratamiento psiquiátrico se le desajusta a Carrie, y se pone mal, me atrevería a decir que si se agravaba es porque nunca se atendió con un proceso terapéutico, ni tuvo un proceso psicoanalítico profundo. Por eso como red de apoyo el fármaco no es lo suficientemente estable para apoyarla. Eso, junto con un trabajo que se vuelve más complejo y donde los temas de seguridad nacional nuevamente entran en conflicto con qué poner como prioridad, hace que la estabilidad de Carrie dependa siempre de condiciones externas que ella no puede controlar.
Sus convicciones como pulsión de vida
A pesar de todo, Carrie se aferró siempre a sus ideales. Eso es lo que me parece más poderoso de su personaje: que en medio del caos, del gaslighting, del aislamiento y del autodesprecio, siguió creyendo en lo que sabía. Y al final, la vida le demostró que siempre tuvo la razón, y que en más de una ocasión, la gente abusó de su confianza y de su enfermedad. Y aún así, por amor, fue capaz de perdonar y seguir adelante para lograr sus convicciones.
Eso habla de una estructura psíquica con recursos propios, con una pulsión de vida muy potente. Y me pregunto qué hubiera pasado si alguien, en algún momento, le hubiera ofrecido un espacio donde hablar sin consecuencias. Donde ser Carrie, con todo lo que eso implica, no fuera un riesgo.
Lo que me quedo pensando
Homeland es ficción, pero el sufrimiento de Carrie no lo es. Hay muchas personas que navegan diagnósticos psiquiátricos en silencio, con vergüenza, creyendo que su forma de estar en el mundo es un defecto y no una particularidad. El psicoanálisis no promete curar en el sentido médico del término, pero sí ofrece a sufrir menos y a algo que pocas cosas ofrecen: un lugar donde el sujeto puede hablar de sí mismo sin ser reducido a su diagnóstico, un lugar para poder hablar y descubrirse a sí mismo.
Por Mónica Lisette Rayas Ortiz Mtra. en Psicoterapia Psicoanalítica ¿Algo de esto resonó contigo? Escríbeme por WhatsApp y agendamos una llamada de 5 minutos sin compromiso: wa.me/523338097036
Las ideas y la posición clínica son de la autora. La edición contó con apoyo de inteligencia artificial.