El vacío como estructura: ausencia, presencia y patología en el desarrollo temprano
Hoy en día los vacíos se hacen en los excesos, tanto de ausencia como de presencia. Durante el inicio del desarrollo individual de cada persona se requiere de un punto equilibrado entre estos extremos para un psiquismo con las menores patologías posibles. Sin embargo, el ser humano no tiene control alguno sobre las condiciones en las que ese desarrollo ocurre: es cuestión de azar, tanto de personalidad, como de si habrá ese equilibrio brindado por alguien externo, por alguien que lo cuida, que lo contiene.
Freud ya señalaba que los cuidados tempranos del ambiente tienen un papel estructurante en la vida psíquica. En Tres ensayos de teoría sexual (1905) establece las bases del desarrollo libidinal y la importancia de las experiencias tempranas en la constitución del sujeto. Posteriormente, en Inhibición, síntoma y angustia (1926), profundiza en cómo la angustia surge ante la amenaza de pérdida del objeto, es decir, ante la ausencia del otro que sostiene, lo que sienta las bases para comprender cómo tanto la falta como el exceso de presencia generan marcas en el psiquismo.
André Green, por su parte, desarrolla con mayor precisión este territorio. En La madre muerta (1983), publicado en Narcisismo de vida, narcisismo de muerte, describe cómo una madre emocionalmente ausente, aunque físicamente presente, produce en el hijo un vacío interno particular: no es la pérdida del objeto sino su desinvestidura, su presencia sin afecto, lo que desestructura. Green (1983) plantea que "la madre muerta es una madre que permanece viva pero que está, por así decirlo, psíquicamente muerta a los ojos del pequeño hijo que tiene ante sí".
Winnicott, desde la teoría del desarrollo y en diálogo con estas ideas, sostiene en El proceso de maduración en el niño (1965) que lo que el bebé necesita no es una madre perfecta sino una madre suficientemente buena (good enough mother), concepto que apunta precisamente a ese equilibrio: ni la ausencia que abandona ni la presencia que invade, sino una presencia que regula, que falla y se repara, que contiene sin fusionarse.
Posteriormente, en su adultez, se podrá ver el resultado de un desarrollo infantil. Las estructuras psíquicas constituidas en la infancia no desaparecen: se reorganizan, se defienden, se repiten. El análisis clínico del adulto es, en gran medida, una arqueología de esas primeras condiciones de existencia.
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Mtra. Mónica Lisette Rayas Ortiz Psicoterapeuta psicoanalítica wa.me/523338097036
Referencias
Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual. En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. 7, pp. 109-224). Amorrortu.
Freud, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia. En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. 20, pp. 71-164). Amorrortu.
Green, A. (1983). La madre muerta. En Narcisismo de vida, narcisismo de muerte (pp. 209-239). Amorrortu.
Winnicott, D. W. (1965). El proceso de maduración en el niño. Laia.
"Las ideas, la posición clínica y el análisis son de la autora. La estructuración académica y la investigación bibliográfica contaron con apoyo de inteligencia artificial."