El punto medio como medida de salud psíquica: una lectura desde Aristóteles, el psicoanálisis y los valores

El equilibrio como principio filosófico

Aristóteles, en la Ética Nicomaquea, plantea que la virtud no se encuentra en los extremos sino en el punto medio entre el exceso y la deficiencia. Este principio, que él llama mesotes, no es una mediocridad sino una excelencia: el lugar donde la acción humana alcanza su forma más sana y más plena. En la Metafísica, desarrolla la idea del ser como actualización de una potencia: el ser humano no es un producto terminado sino un proceso en movimiento hacia lo que puede llegar a ser.

Lo que me interesa de este principio filosófico es su resonancia con lo que el psicoanálisis observa clínicamente. El psiquismo, como el ser aristotélico, está en movimiento. Y también, como en la ética nicomaquea, la patología puede leerse como una desviación sostenida hacia alguno de los extremos.

Los valores como termómetro del psiquismo

Los valores pueden ser también una medida para ver qué tan patológicos son los comportamientos de la persona, o qué tan sana está, en la medida en que pueda apegarse al punto medio de los valores.

Una persona puede comprometerse conscientemente con la honestidad, la generosidad o la ecuanimidad, y sin embargo actuar repetidamente en sentido contrario, sin entender por qué. Esa brecha entre el ideal consciente y el acto real no es hipocresía necesariamente: es el inconsciente trabajando. Freud (1915), en Lo inconsciente, describe cómo los contenidos reprimidos continúan ejerciendo una presión constante sobre la conducta sin que el sujeto tenga acceso a ellos.

Desde esta perspectiva, los valores no son solo una guía ética: son también una brújula clínica.

El inconsciente como obstáculo al punto medio

Muchas veces el inconsciente hace que la persona se aleje de estos valores a pesar de que conscientemente se dispone a hacerlo, y esto puede ayudar a cobrar conciencia de la enfermedad, con la que se puede ayudar mejor en un tratamiento.

Lacan (1964), en El Seminario 11, plantea que el inconsciente no es simplemente lo que no se sabe, sino lo que insiste en retornar. El sujeto está dividido: hay una parte que quiere y otra que sabotea ese querer sin que la primera lo advierta. Winnicott (1965) añade que el falso self puede llevar a una persona a actuar desde una identidad que no es la propia, sosteniendo valores que en realidad pertenecen a otros: a los padres, a la cultura, al ideal del yo impuesto desde afuera.

La pulsión de muerte y el trabajo del psicoanalista

El trabajo del psicoanalista en un tratamiento profundo es ayudar a entrelazar la pulsión de muerte o las mociones sádicas, para que no queden desligadas, lo que bajaría el odio y conectaría al sujeto con la vida.

Freud (1920), en Más allá del principio del placer, describe cómo junto a la pulsión de vida existe una tendencia contraria, silenciosa y tenaz, que lleva al sujeto hacia la repetición, el estancamiento y la autodestrucción. André Green (1983), en Narcisismo de vida, narcisismo de muerte, desarrolla esta idea clínicamente: cuando el narcisismo está al servicio de la muerte, el odio y la desinvestidura se vuelven organizadores del psiquismo.

Cuando esas mociones se pueden nombrar, cuando encuentran un lugar en la cadena asociativa, cuando el paciente puede decir "hay algo en mí que quiere destruir esto", se abre la posibilidad de ligarlas, de conectarlas con la vida. No se trata de eliminar la pulsión de muerte sino de que no gobierne sola. Es ahí donde el punto medio aristotélico cobra su sentido más clínico: no como ideal moral externo sino como horizonte posible para un psiquismo que ha encontrado la manera de sostener sus contradicciones sin destruirse en ellas.

Una reflexión para cerrar

Lo difícil es encontrar el punto medio. No basta con conocer los propios valores para poder habitarlos: el inconsciente, la herencia psíquica y la pulsión de muerte seguirán organizando la conducta desde las sombras mientras no se trabaje analíticamente. Ese acercamiento al punto medio es lento, trabajoso, y requiere de un otro que acompañe sin juzgar, que escuche lo que el paciente no puede todavía decirse a sí mismo. Eso es, en el fondo, lo que el psicoanálisis ofrece: no la perfección del punto medio, sino el camino hacia él.

Si algo de lo que leíste resonó contigo, ya sea desde la clínica o desde lo personal, puedes escribirme. Agendamos una llamada de 5 minutos sin compromiso para ver si tiene sentido trabajar juntos.

Mtra. Mónica Lisette Rayas Ortiz Psicoterapeuta psicoanalítica wa.me/523338097036

Referencias

Aristóteles. (2014). Ética Nicomaquea (J. Pallí Bonet, Trad.). Gredos. (Trabajo original del siglo IV a.C.)

Aristóteles. (2014). Metafísica (T. Calvo Martínez, Trad.). Gredos. (Trabajo original del siglo IV a.C.)

Freud, S. (1915). Lo inconsciente. En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. 14, pp. 153-214). Amorrortu.

Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. 18, pp. 1-62). Amorrortu.

Green, A. (1983). Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. En Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Amorrortu.

Lacan, J. (1964). El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.

Winnicott, D. W. (1965). El proceso de maduración en el niño. Laia.

Recuerda verificar las páginas de Green contra tu ejemplar físico antes de entregar, que es la referencia donde la paginación puede variar más según edición.


"Las ideas, la posición clínica y el análisis son de la autora. La estructuración académica y la investigación bibliográfica contaron con apoyo de inteligencia artificial."

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